sábado, 11 de agosto de 2018

La Calle , el Subte y los Trenes

La calle, el subte y los trenes, los escenarios que sirven de vidriera para miles de artistas

CAPITAL FEDERAL 11 Agos(Clarin).-Sólo en la Ciudad, hay unos 3.300. Su objetivo, dicen, es que sus espectadores ocasionales pasen un buen momento. 
Con su guitarra, Mauricio Regis irrumpe en la rutina de un viaje en la línea A de subte. Foto: Martín Bonetto

De Colombia, Venezuela, Brasil, Chile, Costa Rica, Uruguay, Perú. De Francia, Inglaterra, España, Alemania. También de unos pocos países de África. De tango, folclore, rap, salsa, rock. Las ofertas de música de los artistas ambulantes en subtes, trenes, colectivos, plazas y esquinas de la Ciudad y el Gran Buenos Aires es muy amplia. Según la asociación civil Frente de Artistas Ambulantes Organizados (FAAO), sólo en Buenos Aires hay cerca de 3.300. Y a nivel nacional, la cifra se acerca a los 20 mil. Por una jornada de trabajo, la ganancia de cada uno de ellos puede superar los $ 500.

“Queremos impulsar un proyecto para que declaren a Buenos Aires como ‘La capital del arte callejero’ -explica Alejandro Cabrera Britos, presidente de FAAO-. Tenemos en mente organizar una actividad que llegue a todos los puntos de la Ciudad. Nuestra idea es que incluya seminarios y que también participen los colegas extranjeros”.
El dúo Mariquita Sánchez de Thompson ofrece su recital de música clásica frente a la Iglesia Nuestra Señora del Pilar, en Recoleta, o en la línea H de subte. Foto: Rolando Andrade
El dúo Mariquita Sánchez de Thompson ofrece su recital de música clásica frente a la Iglesia Nuestra Señora del Pilar, en Recoleta, o en la línea H de subte. Foto: Rolando Andrade

Durante dos martes de julio, cientos de artistas ambulantes se presentaron en la puerta de la Legislatura porteña para manifestarse en contra del proyecto de Ley 1664-J-18, presentado por el Poder Ejecutivo, que prevé reformar el Código Contravencional que, entre otras cosas , regula la actividad artística en la vía pública y en los espacios culturales. Pero la semana pasada desde el Ministerio de Cultura de la Ciudad salieron a aclarar que “las manifestaciones artístico culturales a la gorra no constituyen contravención”. Tampoco, dijeron, “el ensayo o práctica de música fuera de los horarios de descanso”.

Cambiarán una ley para que el arte callejero no sea una contravención

Los artistas ambulantes están esperanzados. Cuentan que acaban de ser convocados por BA Música, un organismo que depende de Cultura de la Ciudad. “Es histórico para nosotros. La idea es generar recursos culturales y poder concretar algunos proyectos de arte callejero en el espacio público”, agrega Cabrera Britos.
El grupo Folk Hop une dos estilos: el folclore y el rap. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Muchos de los artistas que los porteños cruzan en andenes, colectivos o plazas viajan, cada tanto, a distintos países de Europa. Lo hacen a partir de convenios entre los departamentos de cultura de las embajadas en la Argentina. También participan en festivales internacionales de arte callejero, como los de Bilbao o Nueva Zelanda.

“La calle también nos genera una agenda de trabajo: muchos de nosotros somos contratados por los pasajeros para eventos privados”, revela Cabrera Britos. Y cierra: “Que no haya escenarios, que no haya esa división, hace que el público nos vea de otra manera. Están los que colaboraron sólo por ser solidarios, al vernos con frío, en la calle. Otros lo hacen porque les gusta lo que hacemos. Y por último, también están los que nos apoyan cuando logramos cambiarles la cara, hacerles pasar un lindo momento en el subte. Esos son los que más felices nos hacen”

Mauricio Regis: “Lo mejor que me puede pasar es que se cambien de vagón para seguir escuchándome”
La propuesta de Regis es el rock nacional. Además de tocar en el subte, es cantante de la banda Atahualppo. Foto: Martín Bonetto

Mauricio Regis pasa su tarjeta SUBE como cualquier pasajero en la estación San Pedrito de la línea A. Todo cambia cuando baja por la escalera mecánica, saca su guitarra y comienza a afinarla. Luego practica ejercicios vocales de calentamiento. El escenario está por venir. Faltan minutos para las siete de la tarde de un viernes, hora en la que los músicos ambulantes de la línea A suben al primer subte del día. A su alrededor hay otros colegas.

Llega la formación. Sin presentarse, Regis abre el show con “Cuando es con vos”, de Virus. Muchos viajan con una mochila o un bolsito o su uniforme de trabajo. Todos tienen cara de cansados. Y ahí está la música de Mauricio, para que algunos comiencen a mover los piecitos, otros a cantar, otros a levantar la mirada y cambiar la cara.

Durante seis años, Mauricio trabajó como docente de Música en una escuela rural de Córdoba. Después se mudó a Buenos Aires y abrió un bar. Las cosas no salieron bien. O sí. Porque con el bar cerrado, subió al subte por primera vez. Necesitaba juntar algo de dinero. Fue en 2015. “Empecé con la idea de hacerlo hasta encontrar otro trabajo y no lo pude dejar. Nunca me sentí tan cómodo; nunca había hecho algo tan positivo. Los artistas callejeros hacemos nuestro trabajo como servicio al arte y a la cultura del país. Entendí que esta es mi vocación. ¿Para qué me voy a dedicar a otra cosa?”.
Regis suele tocar en la línea A de subte. Foto: Martín Bonetto

Ahora, en el segundo vagón, su show comienza con "11 y 6", de Fito Páez. Pero los aplausos más fuertes llegan con los temas de Los Redonditos de Ricota. Ahí, algunos lo graban, otros se le acercan y, parados, cantan a la par, como si fueran sus coristas. Los shows duran tres canciones. “Lo más lindo que me puede pasar es que un pasajero se cambie de vagón para seguir escuchándome, o cuando me piden un tema en especial”, dice, con la misma cara de felicidad del artista consagrado que recibe un Grammy.

Sus pasajeros le han generado shows en el interior del país. Las veces que hace presentaciones en sitios privados, siempre hay alguno que se le acerca para decirle que lo conoció en el subte. También hizo música a la gorra en Bolivia y Perú. “¿Sabés qué es lo mejor que me pasó en el subte?”, pregunta antes de seguir con su tercer show de la noche: “El chocolate que me dejó una nena en la gorra”.

Folk Hop: “Acá la gente te abraza y las ovaciones son con silbidos”
Los cuatro integrantes de Folk Hop: tocan todas las mañanas en el tren Mitre. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

La notificación de Facebook dice “Folk Hop está transmitiendo en vivo”, y le llega a 5.098 personas. Eso, en los teléfonos. Acá, en el trayecto entre las estaciones de Retiro y Lisandro de la Torre, el grupo canta su versión de “Desde que no estás aquí”, de Jorge Rojas y los comentarios comienzan a llegar: “Estoy en el tren. En qué estación están?”; “Es un gusto viajar escuchando buena música, amigos!”; “Recién me levanto, qué lindo escucharlos”; “Hoy no trabajo y los escucho desde la camita”.

Folk Hop son Israel Sosa, Francisco Medrano, Julián Chamorro y Marcos Medrano. La banda nació hace diez años, en un asado de vendedores ambulantes del tren Mitre, donde cantan por las mañanas. Sosa y Francisco Medrano estaban de invitados. Uno cantaba folclore y el otro rap. Los vendedores les propusieron cantar juntos, uniendo los estilos. La dupla gustó. Y del asado se fueron directo al tren, a probar. Los pasajeros los aprobaron. No se separaron más.

Suben al Mitre de lunes a lunes. Hacen tres vueltas completas. La ley de esta línea dice que sólo puede subir un músico por tren. “Las contrataciones privadas de pasajeros existieron siempre”, asegura Francisco, que comenzó a hacer música callejera en los 90, en la calle Florida. “Una vez un pasajero nos contrató para un asado familiar. Cantamos para él, su mujer y sus dos hijos. Nos pagó y nos invitó a comer”.
El cuarteto Folk Hop en la estación de Retiro, listos para subir al tren a hacer su show. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Chamorro es uno de los guitarristas. Fue artista ambulante durante ocho años en Europa. Hacía música en los subtes de Madrid y de París. “El argentino manifiesta más su aprecio por el arte”, compara. “En España es difícil que te aplaudan. Lo disfrutan de otra manera. En París se siente un poco más el calor del pasajero. Te saludan, te felicitan. Pero acá te abrazan, te arengan y las ovaciones son con silbidos”. Israel hizo lo mismo en Barcelona, Estocolmo y Copenhague. Juntos, los cuatro, viajan todos los veranos a los carnavales de Jujuy.

Lo mejor que les pasó ocurrió sin que lo notaran. Se los contaría una pasajera, minutos después. Esa pasajera subió al tren llorando. Venía del hospital Gutiérrez. Acababan de decirle que su hija no volvería a caminar. Y la nena, en silla de ruedas, mientras sonaba Folk Hop se paró y caminó hasta saludarlos. Su mamá lloró más. Pero ahora de alegría.

Mariquita Sánchez de Thompson: “Sacamos la música del Colón a espacios cotidianos”
El dúo Mariquita Sánchez de Thompson canta un repertorio de música clásica. Foto: Rolando Andrade

El día arrancó con todo para el dúo de repertorio clásico Mariquita Sánchez de Thompson: “Chicas, muchas gracias”, les dijo uno de los primeros transeúntes que frenó a escucharlas y se convirtió en espectador. Después, sacó un billete de $ 200 y lo dejó sobre la galera negra apoyada sobre la vereda de Junín al 1800, en Recoleta.

Pasaron quince minutos del mediodía de un sábado y las cordobesas Virginia Bordone Carranza y Soledad Rizo Avellaneda paran para hablar con Clarín. Mientras toman agua, recuerdan otras reacciones lindas de pasajeros o espectadores, o las dos cosas juntas.

Una tarde, una abuelita se les acercó diciendo que estaba festejando sus 95 años. Fue en una estación de subte. Como había cantado música clásica durante su adolescencia, les pidió entonar juntas una canción. También cuentan de pasajeros-espectadores que todos los días paraban a escucharlas y a colaborar, en la línea H, o de otros que se cruzaban de andén, sólo para disfrutar del show. Y hasta aseguran haberle sacado una sonrisa a un policía.

“Lo que hacemos es sacar la música del Colón a espacios cotidianos”, explica Bordone Carranza. Y continúa: “Algunas personas escuchan música clásica en la radio y sienten que se trata de una banda de sonido. En vivo es muy distinto. Nos interesa que se conozca este repertorio, y que no haya que pagar una entrada para disfrutar del género”.

A veces están en la línea H y otras aquí, sobre Junín, pegadas a la Iglesia Nuestra Señora del Pilar, en Recoleta. “En el subte sentimos que podemos ser algo más invasivas. Y en la calle se quedan a escucharnos los que eligen hacerlo. A ambos lugares los reconocemos como un espacio legítimo para hacer música. El artista callejero es un agente importante de la calle. Nosotras estamos acá por convicción”, dice Rizo Avellaneda, cuyo pseudónimo es Morel. Ella cantó en plazas y subtes de Nantes, Bruselas y Santiago de Chile.
Las cordobesas Virginia Bordone Carranza y Soledad Rizo Avellaneda siempre entregan su tarjeta: así consiguieron que las contraten para shows y hasta como sesionistas. Foto: Rolando Andrade

Gracias a los pasajeros se han presentado en el 20° aniversario de una peluquería, en el cierre de jornadas de la Facultad de Medicina, en cumpleaños y en casamientos. Otros les preguntan por clases de canto. También, siempre gracias al contacto con la gente, les salieron trabajos como sesionistas y shows en auditorios. Pero la calle, dicen, siempre va a ser el mejor escenario. Distinto a todos los demás.

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