Pedro Nolasco Lapadú. Trayectoria vital y profesional de un jefe ferroviario
Por Héctor José Iaconis.
* Fue un destacado jefe de la estación local del Ferrocarril del Oeste.
* Su vida ilustra el recorrido de un trabajador ferroviario que, desde un puesto auxiliar, alcanzó responsabilidades jerárquicas en una de las principales empresas de transporte del país.
* Más allá de su trayectoria administrativa, la persistente memoria de su persona, revela el impacto social de su conducta personal y profesional.
9 DE JULIO BA 8 Feb (Diario 9 de Julio).- Si bien había leído el nombre de Pedro Lapadú antes, la primera vez en que lo escuché fue 1994, de labios de un antiguo ferroviario nuevejuliense. Si bien no lo había conocido personalmente, recordaba las historias narradas por otros compañeros de labor mayores que habían sido contemporáneos suyos.
Aunque su imagen, entonces, ya se veía lejana, velada por el paso de los decenios, las palabras de aquel ferroviario parecían mostrar respeto o veneración hacia el viejo jefe de estación, de cuya muerte se cumplirá este año, un siglo.
Forjado en el esfuerzo cotidiano y reconocido por su rectitud profesional y calidad humana, su trayectoria, aunque modesta en términos de trascendencia histórica, ha llegado hasta nosotros.
Su biografía refleja no solo un itinerario laboral estable, sino también una valoración ética de la sociedad nuevejuliense de su tiempo, que excedió el ámbito estrictamente profesional.
Pedro Nolasco Lapadú nació en Chascomús, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de origen inmigratorio. Su padre, al menos quien él reconoció como tal, fue José Lapadú, un vasco francés que ejercía el oficio de panadero. Su madre, Santalia Montenegro, era también natural de Chascomús. La unión de ambos se formalizó tardíamente: contrajeron matrimonio en la parroquia de Chascomús el 10 de diciembre de 1888, cuando ya habían nacido varios hijos y la familia se había trasladado a La Plata, donde residirían por algunos años.
La configuración familiar de Pedro debió ser compleja. Hacia 1895, cuando fue censado en el marco del Segundo Censo Nacional de la República Argentina, su núcleo doméstico había experimentado transformaciones significativas. Vivía entonces con su madre, quien ejercía como modista, y sus hermanas. En el mismo hogar aparece registrado Francisco Longo, de nacionalidad italiana y profesión ajustador mecánico, su padrastro.
Francisco habría de sobrevivir a su madre, fallecida en La Plata en abril de 1920 y al propio Pedro.
INCORPORACIÓN AL SISTEMA FERROVIARIO
Desde muy joven, Pedro Lapadú ingresó al sistema ferroviario argentino, piedra angular del desarrollo económico nacional durante el período que nos ocupa. Lo hizo en el Ferrocarril del Oeste. El censo de 1895, que lo registra en La Plata, también lo anota con el cargo de «empleado auxiliar de estación», posición inicial que debió marcar el comienzo de una carrera de más de tres décadas en el sector.
El ferrocarril no solo representaba una fuente de empleo estable, sino también un espacio, por así decirlo, de trascendencia social para los sectores populares. La disciplina laboral de la administración británica de la empresa ferroviaria, la responsabilidad y la lealtad institucional constituían valores fundamentales en este ámbito, virtudes que Lapadú habrñia cultivado a lo largo de su trayectoria profesional.
SU FAMILIA
En la ciudad de Buenos Aires, en la parroquia de Nuestra Señora de Balvanera, Pedro N. Lapadú contrajo matrimonio con María Ana Josefa Sgombich, el 30 de julio de 1901, en una ceremonia de la que fueron padrinos su suegro y su madre. La contrayente había nacido en Buenos Aires, pero era hija de inmigrantes: su padre era austríaco y su madre italiana.
De esta unión nacieron seis hijos: Julia, Pedro Ramón Tito, Carmen, María Haydée, Ana e Isabel. La familia, antes de establecerse definitivamente en 9 de Julio, residió en Alberti, otra localidad vinculada al ramal ferroviario donde se desempeñaba quien nos ocupa.
Su ficha de enrolamiento militar. Tal como se aprecia, fue enrolado en 9 de Julio.
JEFE DE ESTACION EN 9 DE JULIO
A comienzos de la década de 1910, Pedro N. Lapadú fue nombrado jefe de la estación del Ferrocarril del Oeste en 9 de Julio. Este ascenso habría representado el reconocimiento institucional a su trayectoria y capacidad. La jefatura de estación implicaba no solo responsabilidades técnicas y administrativas, sino también una posición de prestigio social en el pueblo, donde el ferrocarril constituía el principal nexo con el mundo exterior y el símbolo más visible del progreso.
Durante su gestión en 9 de Julio, Lapadú se granjeó el respeto y afecto. Su trato afable, su rectitud profesional y sus cualidades personales lo convirtieron en una figura estimada entre los nuevejulienses.
SU FALLECIMIENTOPedro N. Lapadú falleció en Buenos Aires el 19 de marzo de 1926, cuando contaba 51 años de edad y se desempeñaba como jefe de la estación de Caballito del Ferrocarril del Oeste. Había soportado una enfermedad prolongada y penosa que lo mantuvo postrado largo tiempo.
La noticia de su fallecimiento, que se conoció por vía telegráfica, conmovió profundamente al vecindario de 9 de Julio. El periódico local «El Pueblo» publicó una nota necrológica que evidencia el aprecio generalizado que despertaba su figura: «Ha muerto don Pedro Lapadú, y quienes hayan tenido ocasión de tratarlo en su larga estada al frente de la estación local del F. C. O., sentirán la congoja del sentimiento noble y sincero, por que su trato afable llegó a todos por igual y sus dotes de caballero mereció siempre estima general», decía.
El 28 de septiembre de 1926 fueron celebradas solemnes honras fúnebres en su memoria en la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán de 9 de Julio. La ceremonia congregó, según una crónica publicada por “El Pueblo”, a «las principales familias de nuestra sociedad, miembros representativos del comercio e industrias», según relató el mismo periódico, que destacó «las nobles prendas caballerescas del finado» y el «profundo pesar» que su desaparición había ocasionado en la localidad.
Facsímil del aviso invitando a su funeral en 9 de Julio, publicado por «El Pueblo».
Encabezado de la crónica publicada por el periódico «El Pueblo» en la primera plana.
Anuncio publicado unos días después del funeral.
PALABRAS FINALES
La vida de Pedro Nolasco Lapadú condensa múltiples dimensiones de la experiencia vital de la época: la integración de las corrientes inmigratorias, la expansión del sistema ferroviario como columna vertebral del país, la movilidad social basada en el mérito y el esfuerzo, y la construcción de lazos de amistad, cortesía y respeto en la comunidad local.
Su biografía nos recuerda que la historia de 9 de Julio no se teje únicamente con grandes acontecimientos políticos o económicos, sino también con las trayectorias individuales de hombres y mujeres que, como Lapadú, cumplieron con dedicación y honestidad sus responsabilidades cotidianas, ganándose el reconocimiento de sus coetáneos.
En conclusión, la figura de Lapadú, permanece como símbolo de una época en que el ferrocarril representaba progreso y los valores del trabajo, la urbanidad y la honradez constituían el fundamento de la estima social.