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martes, 28 de febrero de 2023

Hippies y Bandidos en La Trochita

La Trochita: Hippies, bandidos y un extraño de pelo largo

EL BOLSON 28 Feb (Red 43).-La Trochita es algo más que un tren turístico. Guarda estas historias profundas no como simples anécdotas sino que leyendas que agrandan su mística.

Un joven de boina, botas de cuero y pelo largo llegaba con su rústica mochila al hombro en uno de los vagones de La Trochita. Era parte de esa andanada de “hippies” que utilizaban el tren de trocha angosta para iniciar una aventura en el sur del país, sin saber que, con los años, esas viejas locomotoras a vapor iban a convertirse en un emblema turístico de la patagonia. Jorge Capraro se instaló en Epuyén, donde formó su familia. Pasaron los años de los turbulentos ´70 y en 1983 llegaron las elecciones. Capraro fue elegido intendente.

Junto a él habían arribado a toda la zona de la comarca decenas de mochileros que se instalaron a lo largo del paralelo, muchos de los cuales formaron sus familias y se instalaron desde El Bolsón hasta el Río Percy, donde hasta hace muy pocos años vivieron con lo elemental, como lo hacían en aquella época cuando estallaron Los Beatles, el Mayo Francés y la Primavera de Praga. Hitos de una historia ya lejana pero que, posiblemente, convivía con sus ideales.

La Trochita tenía entonces dos tipos de vagones. Los destinados a los pasajeros y los de carga. También algunos eran utilizados por arrieros para llevar sus chivos o sus ovejas. Estaban calefaccionados con viejas salamandras que los viajeros utilizaban para cocinar sus hamburguesas y sus huevos mientras realizaban el largo viaje de 402 kilómetros, atravesando más de 600 curvas. El paisaje era ideal para lo que buscaban: la paz. La mayoría de aquellos que llegaron con dos pesos en el bolsillo pero cientos de sueños son ahora habitantes de ese mundo que por entonces los cautivó. Tienen sus familias con varias generaciones y está claro que en estas tierras cordilleranas estaba escondido el futuro que esperaban.

Pero La Trochita también guarda otras historias. Algunas fabricadas con versiones antojadizas, huellas falsas, fábulas respecto que se vieron a personajes en una geografía que nunca pisaron y que en realidad no se trataba de legendarios bandidos sino de ladrones de menor cuantía provenientes del otro lado de la cordillera.

Es la historia que el tren de la trocha de 75 centímetros guarda en secreto respecto a dos delincuentes que pasearon su fama desde Estados Unidos y que terminaron muertos en Bolivia bajo las balas de la policía de ese país: Butch Cassidy y Sundance Kid. Muchos escritores dejaron su sello en libros de historia del lugar respecto al Cañadón de los Bandidos, emblemático lugar por donde La Trochita supo dejar el torrente de su paso.

La mítica historia dice que por allí escaparon quienes durante años fueron buscados por la empresa de detectives Pikkerton de Estados Unidos porque en ese país se habían hecho famosos como ladrones de trenes. Lo que es seguro es que ambos, y una mujer hermosa llamada Etha Place vivieron en Cholila como buenos hacendados. De hecho su vivienda es uno de los recursos turísticos más importante de esa localidad. También se dice, sin que haya registro por razones obvias, que Etha se bañaba desnuda en el río que quedaba a pocos metros de la vivienda.

Los cierto es que nunca Cassidy y Kid estuvieron en esos lugares ni fueron los que le dieron el nombre a la antigua estación. En realidad por allí intentaron escapar Bob Evans y Williams Wilson, dos delincuentes llegados desde Chile pero que por su origen fueron “confundidos” con los famosos delincuentes del norte. Al lado de los cadáveres de Evans y Wilson, abatidos en un enfrentamiento por policías de la época se encontraron dos relojes de oro, un cuaderno de anotaciones (donde se asegura, estaba escrita la letra del tango “La Morocha”) y la foto de una bella mujer.

Ocurrió en 1911 y los acontecimientos no mienten: Butch Cassidy y Sundance Kid habían sido abatidos dos años antes. Nunca se supo nada de esa bella mujer que llegó a bailar un vals con el gobernador de la época. Etha desapareció dejando para la mente de los turistas su imagen de mujer desnuda sumergida en las aguas de un río.

La Trochita es algo más que un tren turístico. Guarda estas historias profundas no como simples anécdotas sino que leyendas que agrandan su mística. Intendentes de boina, ladrones famosos, huevos y hamburguesas, arrieros con animales y mujeres sumergidas sin ropa en el río.

Y aquellos “hippies”, de mochilas y de sueños.

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