Rosario Sin Secretos: una biblioteca que “marcha sobre rieles”
ROSARIO Santa Fe 6 Ene(Conclusion).-En avenida Alberdi al 1030, en Rosario, finalmente “clavó los frenos” la biblioteca popular que nació gracias a la fuerza y convicción de un ferroviario con auténtico “espíritu de fierro”. Alguna calle de la ciudad espera su nombre: Garín.
Rosario Sin Secretos: una biblioteca que “marcha sobre rieles”Cuando alguien menciona Garín, inmediatamente se viene a la mente la localidad del partido de Escobar, en Buenos Aires, entre las de Ingeniero Maschwitz y Maquinista Savio.
El primero, Carlos Maschwitz, que fue ministro de Obras Públicas de la Nación, con su colega Emilio Mitre (el hijo de Bartolomé), logró que se sancionara la ley 5315, que es la que estableció todas las concesiones de los ferrocarriles en 1907.
El segundo, Francisco Savio, es el elegante maquinista que condujo, por casi 20 años, la icónica locomotora a vapor Nº 191, vestido con chaqueta, gorra y guantes blancos. ¡Todo un gentleman el descendiente de colonos italianos! Este año se cumplen 100 años del récord de velocidad sudamericano batido por él con “La Emperatriz”, tal el nombre impuesto a la 191, cuando salió de la estación Retiro a las 7 de la mañana y arribó a Rosario a las 10.21. ¡303,9 kilómetros en 3 horas y 21 minutos! Igual que ahora, ¿verdad?
Sin dudas que algunos de los apasionados integrantes de la Asociación Rosarina Amigos del Riel, Rolando Maggi, Carlos Fernández Priotti, Marcelo Antenore y tantos otros, mucho tendrán para agregar sobre este tema.
Parafraseando el altavoz de las viejas estaciones de trenes, decimos: “Arribando al andén, por plataforma Nº 1”, llega a nuestros ojos la historia de nuestro propio Garín. Fernando Adolfo Garín no fue un gaucho como “Martín Fierro”, el personaje creado por José Hernández, aquel periodista que también trabajó en La Capital, de Ovidio Lagos, pero sin dudas que le hizo “alta gauchada” al Rosario, al promover y dejar un valiosísimo legado en la ciudad en la que, por esas cosas que tiene la Providencia, nació y murió, un mismo día.
Cuando llegó al mundo el mayor de los cinco hermanos de la familia aquel 20 de julio de 1889, justo el día en que el corondino Nicasio Oroño estaba cumpliendo sus 64 años y ya había celebrado 35 de matrimonio con Joaquina, la hija del gobernador Domingo Cullen, el hogar del suizo francés monsieur Fernando Garín y la alemana Clara Engeman, se llenó de alegría.
Tal vez ni imaginaban que su hijo, al que bautizaron con el nombre del padre, sería alguien que bregaría sin descanso por la educación y la cultura, sin olvidar nunca la responsabilidad del trabajo en las añoradas “venas férreas” que alguna vez unieron al país.
Así, cuando cumplió los 18, Garín arrancó trabajando en el departamento Locomotoras, como fundidor en la sección hierro y bronce. Veintidos años tenía apenas cuando, junto a Joaquín Casanova, Arturo Martinelli, José Polarino, Alfredo Vila, Juan Curbien, Luis Alsina, Pascual Penti, José Palmegiani, Gino Brucita y Juan Garín, en aquella Calle 12 al 1200, fundó -un día como hoy- la Biblioteca Popular “Estímulo al Estudio”, y fue su primer presidente.
¿El principal motivo y el lema de ese feliz encuentro? “Que funcionara una institución que procurara distracción a la par que el cultivo intelectual de sus asociados”.
Imperdible el trabajo que Acta Académica le publicara a la profesora Elsie Susana Laurino (UNR), sobre “Las Bibliotecas Populares como espacios de movilización política y social en la ciudad de Rosario, en las primeras décadas del siglo XX”, para la Universidad del Comahue, en San Carlos de Bariloche. Allí abrevamos muchos de los datos que hoy les podemos compartir.
Primero alquilan un local en Cruce Alberdi, luego se mudan a Alberdi al 500, más tarde a Brown y Ovidio Lagos, bien cerquita de la Estación Rosario Norte. ¡Claro, los primeros socios eran todos trabajadores del progresista ferrocarril Central Argentino!
Pero todos ellos tenían bien en claro que una biblioteca no sólo era un ámbito para juntar libros sino un centro cultural que irradiaba educación, así que inmediatamente, desde ese lugar, Garín empezó a actuar como maestro de aritmética, castellano y caligrafía.
Hizo tanta “buena letra” con su potencia laboral y sus luces intelectuales que, un año después, enamoró a la señorita María Molaro, y se casó con ella, una fiel compañera que siempre lo apoyó y secundó.
Entre su trabajo en el ferrocarril, los cursos nocturnos de maestro vocacional en la biblioteca y el amor de la familia, “estimulado por el estudio”, finalmente rinde libre y culmina la secundaria, con lo cual, ya en 1917 es designado como director de la escuela Nº 182 de Máximo Paz, establecimiento educativo fundado un año antes.
Pero tal parece que el tema de “sembrar cultura” lo obsesionaba y ya, junto a su esposa, crea en esa localidad la segunda Biblioteca Popular “Estudio y Labor”. Nunca abandonó su afán de trabajo y superación, consiguiendo graduarse como Escribano Público, en épocas en las que no era obligación ser abogado para lograrlo.
Vendría luego la dirección de la Escuela Fiscal Nº 42 de Guadalupe Norte, en la que, además de renovar todo el mobiliario, ampliar el edificio, crear otra escuela nocturna anexa, un gimnasio y un campo de deportes, también… ¡le da vida a una tercera biblioteca!
Ya, padre de cuatro hijos, renuncia y logra ser adscripto del escribano Horacio Gigena, en Rufino. Pero no abandona su pasión docente. La Escuela Elemental Nocturna para alumnos mayores Nº 62, en la que ejercerá como director, es una “hija más” de su fecunda labor, en el local de la Escuela Fiscal Nº 71 de Rufino.
No conforme con ello, gestionó la creación de ocho escuelas primarias más en la región, asesorando para que tengan vida la N° 634 de «Campo Albertengo», la N° 671 de «Campo Manzanares», la N° 667 de «Colonia La Inés», la N° 585 de Tarragona, la N° 669 de «Campo El Refugio», la N° 505 de «Colonia Dolores», y las N° 666 y 586.
Y también, lo supimos y queremos compartir gracias a la nota escrita por Miguel Angel Barucco, sobre el libro de Osvaldo Farías, “Fernando A. Garín, Un Prócer de Rufino”, este rosarino de pura cepa, fue el creador del Colegio Nacional de esa localidad, así como de importantes instituciones en el ámbito social, económico y cultural.
Mientras tanto, ya en 1936, la “Estímulo al Estudio” tuvo su casa propia en avenida Alberdi 1030, en el barrio Arroyito. Y allí, al impulso de los mismos vecinos, nacieron otras tantas queridas instituciones, el Club Argentino (alguna vez llamado Nacional), la Sociedad Obrera de Socorros Mutuos, el Hospital de Niños Zona Norte “Dr. Roberto Carra” (de quien alguna vez también escribiremos), y hasta la Asociación Comerciantes y Amigos de la Avenida Alberdi se reunió infinidad de veces para trabajar por el buen desarrollo de la tradicional arteria.
Y ya que hablamos de un hospital de niños, les compartimos un capítulo de Rosario Sin Secretos que, un día como hoy, publicamos el año pasado, recordando a otro olvidado de la historia oficial, el Dr. Melchor Horacio de Zuasnábar.
Dicen que “nadie es profeta en su tierra”, pero a esta ejemplar personalidad promotora del trabajo honesto y el desempeño fecundo en la educación y la cultura, Fernando Adolfo Garín, que llegó a ser por concurso de antecedentes y oposición, inspector de Escuelas Técnico Profesionales, su tierra natal, en la que murió el mismo día de su cumpleaños Nº 69, en 1958, sin dudas, le está debiendo un merecido homenaje.
Vaya el nuestro, en el 115º aniversario de la creación de la primera de sus amadas bibliotecas. ¡Gracias por tanto!



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