El Tren de Cercanías renueva esperanzas
MENDOZA 3 Ene (Los Andes).-El Tren de Cercanías en Mendoza es el primer paso de un proyecto mucho mayor, porque simboliza que donde el gobierno nacional mata trenes, el pueblo mendocino los resucita. Mientras el país se achica, Mendoza apuesta a crecer. Mientras se cierran trenes, Mendoza abre nuevos rieles. Mientras algunos entregan el futuro, Mendoza lo reclama y lo construye. No hay proyecto provincial más estratégico, más civilizador y más transformador que el ferroviario.
Se viene el Tren de Cercanías para conectar el Este con el Gran Mendoza: cómo será el recorridoFoto: Gobierno de Mendoza
El anuncio y desarrollo del Tren de Cercanías de Mendoza no es solamente una obra de infraestructura: es el renacimiento de un destino ferroviario que fue arrancado de la vida de los mendocinos y de todo el país por decisiones políticas que, durante décadas, privilegiaron el desmantelamiento, la entrega y el abandono.
El tren llegaba y sembraba progreso
Por Roberto Bocanegra
Porque antaño, los diferentes departamentos de la provincia estaban conectados por trenes locales traccionados por las entonces relucientes locomotoras holandesas Weekspoor 600 o los húngaros Ganz Mavag.
El nuevo proyecto de cercanías -que unirá Luján de Cuyo, Las Heras, Maipú y Ciudad mediante el Metrotranvía y eventualmente el Este mendocino por el tren- ofrece la posibilidad concreta de conectar nuevamente con Palmira.
El corredor hacia el Este provincial—representa una apuesta moderna y estratégica para la movilidad urbana y metropolitana. Significa menos autos, menos contaminación, más eficiencia y más seguridad. Es una idea contemporánea, pero con raíces profundas: Mendoza fue ferroviaria antes de ser industrial. Fue el riel quien organizó la vida económica, social y territorial de la provincia.
Sin embargo, este impulso ferroviario choca frontalmente con la realidad nacional: los trenes de pasajeros de larga distancia -los que unen provincias, culturas, economías y familias- han sido, otra vez, “asesinados” desde el Gobierno nacional, bajo el argumento ya conocido: recortes, supuestas ineficiencias y una visión miope del transporte que concibe al país como una planilla de Excel y no como una comunidad extendida en 3 millones de km².
La historia se repite
Primero fue en los ’90, cuando miles de kilómetros de vías fueron clausurados, cientos de pueblos quedaron aislados y el país perdió su columna vertebral territorial.
Hoy, nuevamente, se cierran servicios, se reducen frecuencias, se levantan proyectos y se paralizan inversiones que estaban en marcha.
Otra vez, la Nación decide que el interior “no es rentable”, como si la integridad territorial tuviera que dar ganancias.
Frente a ese panorama, el Tren de Cercanías mendocino adquiere una dimensión superior: no es solo una obra. No es solo transporte. Es identidad. Es memoria.
Es la demostración de que, aunque la Nación desmantele, las provincias pueden reconstruir, innovar y avanzar.
Porque mientras el país se achica, Mendoza apuesta a crecer. Mientras se cierran trenes, Mendoza abre nuevos rieles. Mientras algunos entregan el futuro, Mendoza lo reclama y lo construye.
El Tren de Cercanías es el primer paso. Desde él, se vuelve imaginable lo que durante décadas parecía imposible: el retorno pleno de los trenes regionales y, en un esfuerzo mayor, la recuperación de los trenes de larga distancia hacia Buenos Aires, San Luis, San Juan y el Oeste argentino.
No hay proyecto provincial más estratégico, más civilizador y más transformador que el ferroviario.
Las provincias que tienen tren tienen futuro. Las que lo pierden, se marchitan.
Por eso, este proyecto no es solo una obra pública: es un atisbo de afirmación de soberanía, tan vapuleada en estos días en importantes áreas, que pertenecen a su análisis particular.
Asimismo, esta es una respuesta épica frente al abandono. Es una declaración de que Argentina todavía puede reconstruirse desde abajo, desde las provincias, desde el interior profundo que nunca dejó de creer en sus propios rieles.
El Tren de Cercanías en Mendoza simboliza esto: donde el gobierno nacional mata trenes, el pueblo mendocino los resucita.
* El autor es especialista en temas ferroviarios.

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