Don Fernando Hugo: maquinista del Neuquén, corazón de ferroviario
Carta de Lector
RIO NEGRO 4 Ene (Rio Negro).-Hijo de inmigrantes españoles que, como tantos otros, conformaron la cofradía que pobló estas tierras neuquinas, recibió un Diploma del Concejo Deliberante de la ciudad de Neuquén en 2002, en el 100º Aniversario de la llegada del tren al Paraje Confluencia. “No me quiero morir sin volver a ver el tren” dijo hace varios años cuando lo entrevistamos, nostálgico, este hijo de españoles, en una charla plagada de recuerdos y anécdotas.
Su padre, Dionisio Hugo, era un español de León. Había nacido a fines del siglo XIX. Su madre, Jacoba Cano, española de Espinoza del Camino, cercano a Burgos. Se habían casado en España en 1906, tuvieron doce hijos, los tres mayores españoles.
Los Hugo arribaron a la Argentina en 1912, luego de navegar tres meses, se alojaron en el Hotel de los Inmigrantes, ineludible lugar de alojamiento para quienes venían de lejos, huyendo de la guerra. Dionisio era carpintero ebanista. Al poco tiempo de estar en el país, ingresó al ferrocarril: su destino fue Ingeniero White. En los primeros años del siglo XX se estaba armando el tendido de las vías hacia la Patagonia, y por ello don Hugo vino con una cuadrilla de peones del ferrocarril para su reparación y para el armado de la estación. Vivían en los vagones.
En 1918 la familia se asentó finalmente en Neuquén, en las viejas casillas de madera de la calle Mitre, entre Chubut y Santa Cruz. Don Dionisio compró el terreno y comenzó a hacer su casa en la calle Mitre y su intersección con Bahía Blanca. Uno de sus hijos, también Dionisio, se casó con Aurora López. Otra hija, María Luisa, se casó con Ruso; otra, Margarita, con Price, entre tantos hermanos. Fernando Hugo, el protagonista de esta nota, nació el 30 de mayo de 1930. Tanto él como sus hermanos concurrieron a la vieja escuela Nº 2. En 1944, con apenas 14 años de edad, ingresó de mensajero en el ferrocarril.
Vivía en una casilla en Zapala. Su trabajo era llevar los mensajes, entre las bocanadas de viento, a los comerciantes para que retiraran la mercadería que habían llevado los trenes cargueros a la estación. Al cabo de un año regresó a Neuquén a trabajar en el recordado Bazar París de doña Juana de Charadío.
Allí estuvo hasta 1947, año en el que reingresa al ferrocarril gracias a gestiones realizadas por su hermano Alberto, que era trabajador ferroviario. Una vez allí se fue a trabajar a los kilómetros entre Pichi Mahuida y Juan de Garay como señalero.
Allí también vivía en las casillas: recuerda que era “un desierto”. Como el tren frutero no paraba, el tren de carga les dejaba el agua y la comida. También trabajó en Cinco Saltos, en Plottier y en Ramón Castro (pequeño poblado ubicado cerca de Zapala). En 1950 lo sortearon para el servicio militar: debió cumplirlo en Buenos Aires como Granadero a Caballo.
Fue así que le tocó la custodia, en 1951, del traslado de los restos de Remedios de Escalada y Mercedes San Martín a Mendoza. En 1952 comenzó la carrera de aspirante a maquinista. Accedió a ello en 1963. En 1976 se convirtió en maquinista de locomotoras diesel. Estudió en la Fraternidad con el Sr. Fentini, recordado ferroviario del ayer.
Formó su familia con Elizabeth Agrelo, entrerriana a la que conoció en Bahía Blanca. Allí se casaron y vinieron a vivir a Neuquén a la calle Mendoza. Tuvieron tres hijos: Norberto David, Marisa Sandra y Fernando Darío. Ellos les dieron los nietos que completan la historia familiar.
Don Fernando se jubiló el 2 de junio de 1985, luego de haber transcurrido 39 años en el ferrocarril. Fue compañero de Fernando Juan Perri, de don Mario Jara y de don Luis Cáceres, entre otros recordados ferroviarios. Otra tarea que desempeñó fue la de Bañero Voluntario en el Balneario neuquino durante nueve años. Su hobby fue la colección de elefantitos de adorno: su colección atesora cerca de doscientos ejemplares.
Además, conservó, cuidó, y cultivó el jardín de la Avenida Las Flores del Barrio Alta Barda cuando vivía allí. El lugar de estudio de los ferroviarios era La Fraternidad, organización que, junto a la Unión Ferroviaria, reunía en su seno a los trabajadores del riel. En esa década del 70, la comisión directiva era presidida por Aurelio Fentini, administrada por Mario Jara, Luis Osvaldo Giglio, Juan Pisano, Pedro Arrieta, Aníbal Beltrame, Israel Villalba y Oscar Rossi.
Hace unos días partió a otra vida don Fernando Hugo, su sueño de volver a escuchar el silbato del tren, desde Plaza Constitución a la estación Neuquén, no se cumplió totalmente; debió conformarse con el itinerario del tren local. Su amor por los rieles quedó plasmado en el mundo ferroviario asentado tempranamente en la Norpatagonia. Nuevamente mi homenaje.
Beatriz Carolina Chávez
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