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jueves, 16 de julio de 2026

Emocion por el mundial en los trenes

El Tren Sarmiento, testigo de una fiesta inolvidable: Ramos Mejía vibró con el paso de la Scaloneta a la final del mundo

AMBA 16 Jul ( El 1 Digital).-El triunfo 2 a 1 de la Seleccón ante Inglaterra desató la locura en Ramos Mejía y un cámara desde el Tren Sarmiento inmortalizó los festejos.

Para adelante y hacia la victoria, como la Scaloneta. Una vez más, el Tren Sarmiento volvió a convertirse en mucho más que un medio de transporte. En la noche del histórico triunfo de la Selección Argentina por 2 a 1 frente a Inglaterra, que selló el pase a la final del Mundial 2026, una de sus formaciones atravesó la estación Ramos Mejía en medio de una celebración que quedará grabada en la memoria de miles de hinchas.

Banderas celestes y blancas, camisetas albicelestes, bombos, bengalas de humo y un incesante "¡Argentina, Argentina!" envolvieron los andenes y las inmediaciones de la estación. Los festejos, incluso, coparon los puentes modulares.

Mientras el tren avanzaba lentamente, a modo de plano secuencia, los pasajeros respondían con aplausos, saludos, saltos y cánticos, convirtiendo el recorrido en una postal de la alegría popular.

Una tribuna sobre rieles

Así, el recorrido del Sarmiento fue, una vez más, el escenario donde el fútbol y la vida cotidiana se encontraron. Durante algunos minutos dejó de ser el tren que une el oeste con la Ciudad de Buenos Aires para transformarse en una tribuna sobre rieles, atravesando una marea humana que celebraba un nuevo capítulo de la historia grande del fútbol argentino, que ahora ya piensa en la final con España.

La victoria frente a Inglaterra tuvo un significado especial. No fue solamente un triunfo deportivo: revivió una rivalidad histórica y despertó emociones profundas en millones de argentinos que volvieron a abrazarse detrás de una misma bandera y con un símbolo claro: las Malvinas.

Por las Islas, por la soberanía, por la patria y la tierra celeste y blanca, la clasificación a la final desató un festejo espontáneo que recorrió calles, plazas y estaciones ferroviarias.

Como tantas otras veces, el fútbol volvió a demostrar su capacidad para unir al pueblo argentino. Durante unas horas desaparecieron las diferencias y solo quedó el orgullo de vestir los mismos colores, de cantar el mismo himno futbolero y de soñar con una nueva estrella.

El Tren Sarmiento siguió su marcha, pero dejó detrás una escena difícil de olvidar: un pueblo abrazado por la ilusión, una estación convertida en un estadio y la certeza de que, cuando juega la Selección Argentina, hasta los rieles parecen latir al ritmo del corazón albiceleste. Porque la noche de anoche, en Ramos Mejía, no pasó solamente un tren; pasó la historia y el corazón celeste y blanco.

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