En Retiro, nuevo restaurante retro en edificio ferroviario de 1915: chef premiado y lasaña de asado memorable
CABA 25 Abr (Clarin).-Chuchú desembarcó con una propuesta que cruza tradición porteña y una puesta en escena cargada de historia en uno de los museos de la Ciudad.
Un espacio amplio y dinámico en sintonía con el ritmo incesante de uno de los barrios más transitados de Buenos Aires.
En Retiro, nuevo restaurante retro en edificio ferroviario de 1915: chef premiado y lasaña de asado memorableFacundo Kelemen, chef de Chuchú. Fotos: Ariel GrinbergRetiro es un barrio de dimensiones modestas y contrapuntos evidentes: de los hoteles 5 estrellas al Barrio 31, del sosiego aristocrático de la calle Arroyo al mundanal ruidoso de la terminal de ómnibus, de la huella bohemia del Instituto Di Tella a las vidrieras de lujo.
Y ahora también tiene a Chuchú, un restaurante de estética retro ubicado dentro del Museo Nacional Ferroviario, con vistas a un vagón de madera de los años 30 y a las plataformas donde, desde hace más de un siglo, llegan y parten trenes. Y con solo girar la cabeza también entrega otro registro del barrio: una panorámica abierta del cilíndrico Rulero y otras torres corporativas que nos devuelven de inmediato a la Buenos Aires contemporánea.
La cocina sigue la misma lógica. Entre ayer y hoy se despliegan los platos clásicos de la extensa carta de Chuchú. Al frente está el chef Facundo Kelemen, distinguido por la Guía Michelin, 50 Best y Best Chef Awards por sus recreaciones de hitos culinarios porteños en Mengano. Un cocinero prestigioso ante el desafío de un restaurante de 140 cubiertos, pensado para funcionar todo el día y todos los días de la semana, con el pulso intenso de un barrio de residencia y de paso, de arribos y partidas constantes.
Cómo es Chuchú, el nuevo restaurante del Museo Nacional Ferroviario
Dentro del conjunto arquitectónico de la terminal de trenes de Retiro -monumental, levantada con materiales británicos e inaugurada en 1915- se encontraba el depósito que desde los 70 aloja al Museo Nacional Ferroviario.
Guiños ferroviarios en Chuchú. Foto: Ariel GrinbergEl lateral de ese edificio fabril de ladrillos donde se exhiben desde vagones históricos como el coche presidencial en que viajaba Juan Domingo Perón hasta vajilla de lujo de los trenes de antaño, es la casa del nuevo Chuchú. Como remarca André Parisier -uno de sus dueños que además es vecino con extensa historia familiar en el barrio-, es un espacio que vino a devolverle vida a esa mano de avenida Libertador exenta de emprendimientos comerciales.
Las dimensiones hablan de un proyecto ambicioso. Además de una gran terraza abierta al horizonte urbano, la ambientación del salón incluye desde un vagón antiguo y un asiento de madera original de la estación Retiro hasta una larga barra de mármol con butacas de cuero. Todo remite a esa Buenos Aires añorada de las primeras décadas del siglo XX.
La barra de Chuchú. Foto: Rodrigo Ruiz Ciancia.La conexión con el museo es evidente y el objetivo es profundizar aún más: “Recién arrancamos pero ya estamos en conversaciones para que los comensales puedan hacer un tour con una copita de vino en mano más adelante”, anticipa André Parisier.
Por el momento el restaurante funciona de 12 a 15, todos los días. El plan es dar servicio nocturno en el corto plazo, con la misma carta y los mismos precios. La ubicación de fácil acceso y el estacionamiento privado con valet parking son dos valores agregados que les permiten a sus dueños ser optimistas respecto a la afluencia de público que un espacio de estas dimensiones demanda.
La terraza de Chuchú. Fotos Ariel GrinbergQué comer en Chuchú
Si en Mengano Facundo Kelemen consiguió emocionar a sus comensales con un revuelto gramajo reinventado con la incorporación de una espuma de papa o unos ñoquis elaborados con almidón de yuca, aquí desanda ese camino inventivo para entregar los clásicos de siempre ejecutados con rigor en el formato conocido por todos. En palabras del chef, “cocina porteña como en Mengano pero más simple, más casual, sin tanta vuelta de tuerca”.
Entonces encontramos una carta extensa, con casi una decena de secciones y platos principales que no precisan subtítulos: desde la milanesa de pollo ($ 28.000) o bife chorizo ($ 36.000) hasta un lomo a la pimienta ($38.800).
El carpaccio de Chuchú. Fotos Ariel GrinbergTambién hay opciones de parrilla: desde entraña ($38.600) y vacío fino ($36.500) hasta Tbone de cerdo premium ($ 28.600) o trucha ($ 32.400). Mención aparte ameritan las papas fritas que salen finas o gruesas ($11.000), a gusto del comensal. Hasta el momento las comandas dictan un partido casi empatado, con ligera supremacía de las primeras.
En las entradas y en las pastas es donde más aparece la veta lúdica de Facundo Kelemen. Es el caso del vistoso carpaccio de lomo ($ 23.300) que se sirve sobre un alioli de berro y va acompañado de una tapenade. Y más aún del que se perfila como plato emblema: la lasaña ($ 37.000) que en vez de las 3 o 4 capas habituales lleva unas 15 láminas finas entre pasta y relleno de ragú de asado y bechamel. Se presenta en un corte transversal que hace más evidente ese coloso de estratos de sabor y texturas.
La lasaña de Chuchú. Fotos: Ariel GrinbergUna carta amplia, inclusiva pero también sin estridencias, pensada para sostenerse con consistencia en un restaurante que espera ser atravesado por arribos y partidas constantes, como las coordenadas mismas donde se encuentra.
Chuchú. Avenida del Libertador 405, Retiro.Todos los días de 12 a 15 horas. IG: @chuchu.ba






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