Tren Patagónico: un viaje histórico de Viedma a Bariloche entre paisajes impresionantes
VIEDMA Rio Negro 9 Mar (Viajes y Turismo).-El fotógrafo ferroviario Luciano Boetti decidió dejar por un momento el rol de cazador de locomotoras para convertirse en pasajero. Recorrió la Patagonia sobre los rieles del Tren Patagónico, en un viaje entre la estepa, el mar y la cordillera.
Un viaje único desde Viedma hasta San Carlos de Bariloche, atravesando la estepa infinita y llegando a los pies de la majestuosa Cordillera de los Andes. Fotos: Logística en Movimiento.
La primera vez que Luciano vio al Tren Patagónico fue en diciembre de 2024. Tenía la cámara en la mano y la mirada fija en la formación que cruzaba la estepa rionegrina. Aquella tarde, mientras registraba locomotoras, vagones y el paisaje que parecía no terminar nunca, le quedó una idea dando vueltas: volver. Pero no para fotografiarlo desde afuera, sino para vivir el viaje desde adentro.
Luciano Boetti es fotógrafo y creador de la página “Logística en Movimiento”, donde comparte imágenes del mundo ferroviario y del transporte. Durante meses pensó en ese tren que une el Atlántico con la cordillera. Hasta que a fines de 2025 tomó la decisión: sacar pasaje y recorrer la provincia sobre rieles. Con la pasión de un auténcico Cazador de trenes, así lo relata.
La experiencia en el tren en primera persona
El martes 17 de febrero por la tarde aterricé en la ciudad de Viedma. Una suave brisa típica de estas latitudes me dio la bienvenida. Tras retirar el auto alquilado pasé por la estación: tranquila, prolija, aguardando la llegada del tren al día siguiente. Luego manejé hasta San Antonio Oeste, donde llegué junto al atardecer. Allí haría base hasta el viernes, día en que finalmente me subiría al tren.
Luciano Boetti fotógrafo y creador de la página Logística en Movimiento.
A las seis de la mañana sonó el despertador, cuando todavía reinaba la noche. Preparé el equipo fotográfico y fui hacia el paso a nivel de la Ruta Provincial 2, en el ingreso a la ciudad. A lo lejos ya se divisaba la luz del tren aproximándose. Puntual hizo su arribo el tren 364 proveniente de San Carlos de Bariloche, ingresó con la autoridad característica de las locomotoras EMD trabajando en conjunto. El sonido grave de los motores diésel y la bocina se expandían en el aire fresco de la mañana.
La formación incluía vagón cubierto, dos bandejas automovileras completas, furgón generador, dos coches dormitorio, coche restaurante, tres pullman y el coche cine. El Tren Patagónico representa hoy la última formación clásica de larga distancia en circulación regular en la Argentina. Mientras que en otros servicios el material rodante fue reemplazado por trenes de origen chino o directamente suprimido, aquí todavía sobrevive la composición tradicional de origen nacional. No es solo un tren: es el vestigio vivo de una forma histórica de viajar en el país.
La locomotora 319-316 sería la encargada de trasladar a la GT22CW-2 9073 hacia la planta de Álcalis de la Patagonia (Alpat).Cuando todo estuvo listo, el tren partió encabezado solo por la 9070. Yo lo esperé sobre el puente de la RP 2, donde la luz de la mañana lo iluminaba perfectamente con las mesetas patagónicas de fondo. Seguí registrando el convoy hasta el paso a nivel de la Ruta Nacional A025, en el ingreso a San Antonio Este.
Después regresé al hotel para desayunar y esperar otro movimiento ferroviario previsto para el mediodía. A esa hora volví a la estación de San Antonio Oeste. Allí me encontré con Pedro, maquinista de Tren Patagónico, con quien había intercambiado mensajes durante meses. La locomotora 319-316 sería la encargada de trasladar a la GT22CW-2 9073 hacia la planta de Álcalis de la Patagonia (Alpat), donde se le instalaría su motor diésel recientemente reparado.
La 9073 está en proceso de recuperación integral y su motor había sido reparado en Córdoba. Una vez finalizada la tarea, ambas locomotoras regresaron a los talleres ya entrada la tarde.
Un viaje único desde Viedma hasta San Carlos de Bariloche.Al día siguiente no habría movimientos ferroviarios, así que aproveché para conocer Las Grutas, a diez kilómetros de San Antonio Oeste. En plena temporada de verano la ciudad estaba llena de turistas disfrutando del sol y la playa.
Y finalmente el viernes, después de meses de espera, el día de subirme al tren había llegado. Llegué a la estación cerca de las tres de la tarde. El sol del atardecer iluminaba la formación y me permitió hacer algunas buenas fotos. Los pasajeros iban llegando poco a poco y el tren saldría prácticamente con ocupación completa.
Cerca de las once de la noche el tren ingresó a la estación. Mientras se realizaban las maniobras yo me acomodaba en mi camarote. Recuerdo esa sensación de meta cumplida al subir. Pasada la medianoche partimos hacia la cordillera, internándonos en la inmensidad de la estepa patagónica. Armé mi cama y me conecté al internet satelital disponible en camarotes y en el coche restaurante, ya que durante gran parte del viaje la señal telefónica es nula.
Por la noche, los pueblos de la Línea Sur permanecían en silencio.Me desperté pasadas las siete de la mañana, cerca de Aguada de Guerra. Esa combinación entre paisaje y viaje en tren se vuelve imborrable. Poco después llegamos a Maquinchao, pueblo que en invierno suele ser noticia por registrar las temperaturas más bajas del país. El último invierno el termómetro marcó -18 grados. Tras una hora más de viaje arribamos a Ingeniero Jacobacci, lugar icónico de la Línea Sur. Allí nace el ramal de La Trochita hacia Esquel, donde todavía se organizan viajes turísticos en tramos acotados.
En Jacobacci el tren realizó el último cambio de personal de conducción antes de continuar hacia Bariloche. Ya en marcha nuevamente fui al coche comedor a desayunar. Café con leche y medialunas fue mi elección, mientras disfrutaba del paisaje junto a la ventana.
A partir de allí el escenario cambia radicalmente. Empiezan las curvas y contracurvas para sortear el relieve montañoso. Tras una breve parada en Clemente Onelli el tren enfrenta la exigente pendiente del Cañadón de la Viuda, considerada por el personal ferroviario como la más importante de todo el trazado.
Las viejas estaciones, llenas de vida.Desde chico, cuando mi pasión ferroviaria ya estaba despierta, mi abuela materna fue quien me acompañó en muchos de mis primeros viajes en tren hacia otras provincias. Aunque ya no está físicamente, sentía que de alguna manera seguía acompañándome en ese camarote.
También recordaba las historias familiares sobre mi tío, que había realizado el servicio militar obligatorio en 1983 y viajaba seguido en tren entre Buenos Aires y Bariloche. Eran trayectos de 36 o incluso 48 horas, en un contexto muy distinto al actual. En un mundo donde todo se mide en velocidad y eficiencia, viajar en tren todavía tiene algo de rebeldía silenciosa.
Cuando llegamos a Comallo la detención fue más larga de lo habitual porque debían descargarse encomiendas. Luego retomamos la marcha. Desde allí el trayecto volvió a ser terreno conocido para mí, pero esta vez lo vivía distinto. Ya no esperaba el paso del tren desde un andén o un paso a nivel: ahora estaba dentro. El ritmo del tren obliga a desacelerar, a mirar el paisaje con otra calma.
Detrás hay planificación, el trabajo de muchos ferroviarios que sostienen esta conexión entre el mar y la cordillera.Al llegar a Pilcaniyeu, el pueblo celebraba su 105° aniversario y la locomotora se sumó a la fiesta con una larga bocina. Aproveché la parada para bajar al andén, sacar algunas fotos y volver al tren: en poco más de una hora estaríamos entrando a Bariloche.
El ingreso a la ciudad regaló una de esas postales que justifican el viaje. Tras pasar por la estación Perito Moreno y la famosa “curva del huevo” en Ñirihuau, comenzó a aparecer el lago Nahuel Huapi. El tren avanzaba lentamente mientras el paisaje se abría entre el agua y las montañas. En la estación de San Carlos de Bariloche, los abrazos y reencuentros copaban el andén. Yo me quedé un rato más observando las maniobras de la locomotora antes de ir al hotel.
Esa misma tarde regresé para presenciar la salida del servicio turístico a Perito Moreno, una experiencia que cada fin de semana suma más pasajeros. El viaje dura unos 50 minutos y termina con una recepción en la casa de té de la estación y una cena patagónica en la parrilla Los Juncos. El tren parte al atardecer y la luz sobre el lago convierte el trayecto en un espectáculo.Al día siguiente me tocaba regresar. Llegué a la estación cerca de las 15 para tomar el tren 364 rumbo a Viedma, pero un desperfecto en la locomotora obligó a esperar una unidad de reemplazo que venía desde Jacobacci. La demora terminó transformándose en una escena muy argentina: rondas de mate, facturas y charlas improvisadas en el andén con otros pasajeros que viajaban por turismo, trabajo o simplemente para volver a casa.
Ya entrada la noche llegó la locomotora que nos llevaría de regreso. A las 22:08 la bocina anunció la partida. Fui al coche comedor, cené una milanesa con puré abundante y compartí la charla con amigos ferroviarios mientras el tren avanzaba por la estepa. Más tarde pasé por el coche cine, donde proyectaban una película, y finalmente me retiré a descansar.
Al despertar, la luz del amanecer iluminaba la meseta patagónica. Desde la ventana del camarote miraba el paisaje mientras el traqueteo del tren marcaba el ritmo del viaje. En el coche comedor compartí desayuno con una pareja de jubilados que viajaba hacia Las Grutas. Después de pasar por Valcheta, Aguada Cecilio y Mancha Blanca, el mar empezó a sentirse cerca. Pasado el mediodía llegamos a San Antonio Oeste. Desde allí volví a fotografiar la formación antes de continuar el viaje hasta Viedma, donde el tren arribó cerca de las 19.
Cuando el convoy se detuvo y comenzaron las maniobras finales, quedó claro que el tren no es solo el viaje visible. Detrás hay planificación, mantenimiento y el trabajo de muchos ferroviarios que sostienen esta conexión entre el mar y la cordillera.
Al día siguiente recorrí la comarca y visité Carmen de Patagones antes de volver a casa. El viaje había pasado rápido, demasiado rápido. Me fui con la memoria llena de imágenes, sonidos, nuevas amistades y las ganas que la experiencia no termine. Pero hay una frase que en mi familia repetimos siempre: hay que irse para poder volver.
Viedma, el punto de llegada.
Un cazador de trenes
Luciano Boetti creció con una fascinación difícil de explicar: cada vez que veía pasar un tren, todo lo demás se detenía. Esa pasión empezó a tomar forma en 2008, cuando tenía 13 años y comenzó a incursionar en la fotografía ferroviaria, un mundo en el que fue conociendo a otros aficionados que lo ayudaron a crecer y aprender.
Con el tiempo esa curiosidad se convirtió en un proyecto propio. En 2019 creó la página Logística en Movimiento un espacio en redes sociales donde documento la actividad ferroviaria y en menor medida del transporte en general, registrando no solo formaciones y locomotoras, sino cómo el transporte forma parte fundamental de las economías regionales.
Luciano documenta la actividad ferroviaria en Argentina.Viajar en Tren Patagónico
Clase Camarote
Camarote residentes: $109200
Camarote NO residentes: $132000
Jubilados: abonan con 20% descuento. Menores de 12: abonan con 30% de descuento
Clase Pullman
Pullman residentes: $ 78600
Pullman NO residentes: $94400
Jubilados: abonan con 20% descuento. Menores de 12: abonan con 30% de descuento
Antes de volver, dio un paseo por Cármen de Patagones.Transporte Vehículo
Vehículos hasta 1, 55mts. altura: $132,500
Vehículos a partir de 1,56 mts. de altura: $182,100
El precio publicado es estimativo. Debe sumarse el concepto de seguro según valuación fiscal del vehículo. La adquisición de lugar y cotización final debe realizarse en boleterías de estación.
Más información en https://trenpatagonicosa.com.ar/
Imagen de Con reembolso del 50%, Villa La Angostura apuesta a las escapadas antes del otoño











No hay comentarios.:
Publicar un comentario