domingo, 30 de agosto de 2026

La Emperatriz Renovada

 La Emperatriz renovada: el progreso a doble mano y los viajes en tren que se vienen

PEREZ Santa Fe 30 Agos(Rosario 3).-La mítica locomotora, que unió Rosario y Buenos Aires en poco más de tres horas en 1926, revivió en el museo y taller de Pérez. Los detalles de un récord hecho a vapor y su regreso sobre rieles con fines turísticos en la región

¿Y si el progreso queda atrás en el tiempo, en un pasado lejano, y el futuro, este presente, es la evidencia de un retroceso? La historia de la locomotora Emperatriz, diseñada en los talleres ferroviarios de Rosario y fabricada en el Reino Unido en 1914, incluye un hito que cuestiona la idea del desarrollo como algo atado solo a los avances tecnológicos. En 1926 –cuando los teléfonos fijos eran un lujo que no llegaba al 3% de la población, faltaban 25 años para los primeros televisores en blanco y negro, y cuatro décadas para el fax–, la máquina a vapor número 191 unió Rosario con Buenos Aires en apenas 3 horas y 21 minutos, con picos de velocidad de hasta 140 kilómetros por hora.

Los trenes actuales hacen ese viaje en más de seis o siete horas, con registros incluso peores por desperfectos varios. Circulan a una velocidad promedio inferior a la de aquel sistema con una caldera a carbón, que luego fue reconvertida a fueloil.

La Emperatriz dejó de funcionar a fines de la década de 1960. Estuvo abandonada en los talleres de Pérez y fue recuperada en los últimos 25 años por el trabajo y la militancia del Ferroviario Club Central Argentino (Ferroclub). 

Fue renovada para ser exhibida en el nuevo museo y taller que lleva su nombre, está activa y será la protagonista de una segunda etapa de ese proyecto: hacer recorridas con al menos dos vagones de cien pasajeros cada uno. Un tren turístico como La Trochita patagónica, pero en pequeños trayectos de la pampa húmeda del sur santafesino.

Foto: Alan Mozón/Rosario3 

La recuperación

La comunidad de Pérez impidió el traslado de la reliquia en 2001 y el Ferroclub inició la primera etapa de reconstrucción de caldera, colocación de elementos faltantes y prueba hidráulica. Hasta 2003, ese grupo de amantes del tren dedicó 7.000 horas de restauración para la puesta en marcha.

Miembros del Ferroviario Club Central Argentino junto a la locomotora 191.

En 2012, la máquina concretó un viaje hasta Alcorta, por los 100 años del grito chacarero. En los años siguientes, se repitieron esas salidas entre Pérez, Rosario, Roldán, Zavalla y Casilda.

El viaje a Alcorta de 2012 (Archivo Ferroviario Club Central Argentino).

En 2021, los especialistas avanzaron con la reparación general de la caldera. Dos años después, Rosario3 narró el trabajo del “último mecánico de locomotoras a vapor” que viajaba cada sábado desde Buenos Aires. Ese proceso artesanal siguió con la renovación de pintura y la mudanza desde los viejos galpones de la empresa Rioro al predio del actual Museo Taller Ferroviario La Emperatriz. El equivalente a quince cuadras por la vía paralela a la avenida Belgrano y la ruta 33.

Ferroclub describe esas dos décadas como una “continuidad” de algo que “nunca termina”. “Nos encontramos en la tercera restauración histórica desde el año 2000. Este proceso tiene forma de espiral. Y en cada una de las vueltas estamos un poco más cerca del centro”, señalan en la exhibición.

Foto: Ana Isla/Rosario3

Lo viejo funciona

Detrás del épico viaje de 1926, hubo una pelea por una primicia periodística. El 10 de febrero de ese año, el país se conmovía con el arribo del hidroavión "Plus Ultra". El diario La Nación competía con La Capital y quiso llegar con esa crónica antes a Rosario. El tren que traía esa tirada especial debía salir a las 2.45 de Retiro para estar a las 7 en punto en la estación Rosario Norte.

La formación se demoró y tuvieron que cambiar la locomotora. Entró en acción la 191, con Juan Bautista Magnelli como maquinista, según reconstruyó el “Boletín especial” del Ferroclub en febrero de 2016.

La Emperatriz partió a las 3.39, casi una hora después de lo programado, sin abandonar el objetivo de la llegada. En Campana, Zárate, Baradero, San Pedro y San Nicolás moderó el ritmo para poder dejar los diarios en esas ciudades.

A las 7, puntual, el tren especial cumplió su viaje y unió la distancia de 303,9 kilómetros. Tres horas y 21 minutos a un promedio de 90,7 km/h. Se homologó como “récord sudamericano de velocidad para trenes”.

Fragmento de la revista “Central Argentine Railway Magazine”, de marzo de 1926.

La crónica especializada estima que, para poder cumplir ese viaje, la locomotora “tuvo que haber alcanzado los 140 km/h en algunos tramos para recuperar las desaceleraciones, producto de los puntos del recorrido en donde debió transitar a marcha”.

La publicación recupera además la documentación de la época. Incluso la revista “Central Argentine Railway Magazine”, de marzo de 1926, que constató la hazaña.

Así se encuentra la nave principal de los talleres de Pérez.

El tesoro ferroviario escondido en los centenarios talleres de Pérez y el museo que inició una “reparación”

TRENES

Antes y después: las fotos que contrastan un siglo de historia en los talleres ferroviarios de Pérez

Los coches y los ilustres

Aunque la Emperatriz es la joya histórica del museo, hay otros atractivos para revivir épocas pasadas. El vagón de gala o reservado se construyó en 1912 y lo usaron el duque de Windsor, futuro rey inglés Eduardo VIII, y presidentes como Hipólito Yrigoyen o Juan Domingo Perón, entre las décadas del 20 y el 40.

Las fotos exhibidas en el mismo lugar permiten a los visitantes contrastar las escenas en blanco y negro. Todo el coche se puede recorrer: las habitaciones, las camas rebatibles, los detalles como el espejo original que reflejó los rostros cansados de aquellos políticos ilustres en sus giras federales.

Foto: Alan Monzón/Rosario3.

Uno de los dormitorios fue convertido en cocina en los años 60. Más allá de la estética de un laminado verde marmolado que quiebra los tonos cálidos de la madera como un calambre depie a la madrugada, esa adaptación fue útil para alquilar el vagón a familias adineradas que iban a visitar sus campos o fincas.

Era un coche “muy exclusivo con luz, calefacción y un mayordomo que viajaba en una sala trasera” y “se lo podía alquilar por kilómetros o por días”, explica la guía del museo Daniela Vitale.

Foto: Alan Monzón/Rosario3.

Mucho más austero es el vagón obrero con sus bancos de madera. La restauración se hizo con otros de metal. Son 48 asientos dobles.

Foto: Alan Monzón/Rosario3.

Los viejos horarios pegados en la pared recuerdan aquella frase de la serie El Eternauta (“lo viejo funciona, Juan”). Primero, porque había varias frecuencias diarias. Y segundo, porque los trabajadores salían de la estación Rosario Central, por ejemplo, a las 10.10, pasaban por la Rosario Norte, Cruce Alberdi y llegaban a los talleres de Pérez a las 10.42. Apenas 32 minutos de viaje.

Foto: Alan Monzón/Rosario3.

Al lado, descansa el “coche cine” japonés (Kisha Seizo y Hitachi) con las alfombras Meller, las butacas y la pantalla originales de hace 60 años. Después del recorrido, se puede ver un video sobre la historia del ferrocarril. También se organizan proyecciones especiales (como el hermoso documental “La zorra y la pampa”).

Foto: Alan Monzón/Rosario3.

“Además de las imágenes, relatos y recorridas, los visitantes van a encontrarse con herramientas y personas trabajando. No es un museo de piezas estáticas; nuestra historia ferroviaria vive”, describe la guía Vitale en el video recorrido que hizo con El Tres. “Es más que una máquina linda, se mueve y va a ser encendida. Con la locomotora en marcha, tirando vapor, con pasajeros, va a ser algo totalmente distinto, algo que congrega a toda la ciudad”, suma Bruno Rossi, presidente del Ferroclub, a cargo del espacio.

Las visitas son gratis, aunque es necesario sacar turnos desde la página web (sábados, domingos y feriados de 14 a 18).

Para una segunda etapa, en las próximas semanas o meses (solo faltan unos permisos y trámites legales), la Emperatriz volverá a transportar pasajeros en al menos dos vagones. Un puente entre dos siglos y una experiencia única para la región.

Los talleres de Pérez desde el aire

Antes de pasar al museo y taller, la Emperatriz estuvo muchas décadas en los galpones de la “Gorton Locomotive Works”, la fábrica inglesa que se instaló en 1917, cuando Pérez era apenas una villa.

Rosario3 recorrió las instalaciones de ese imponente complejo ferroviario, hoy cerrado y en mano de un privado. Se trata de 33 hectáreas y una nave principal de 40 mil metros cuadrados; una ciudad abandonada dentro de otra.

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